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Gloria Inés Ramírez Ríos

Senadora de la República por el PDA

El Presidente Uribe ha sido incapaz de disimular la rabia que le produjeron las últimas liberaciones hechas unilateralmente por las FARC, así como las críticas de Alan Jara y Sigifredo López a su política de “seguridad democrática” y sus pronunciamientos a favor del acuerdo humanitario y la paz.

Cabe recordar que desde cuando la Senadora Piedad Córdoba anunció que existía la posibilidad de que las FARC pusieran en libertad a algunos de los cautivos, el Presidente Uribe se apresuró a descalificarla y dijo que se trataba de una “maniobra política”.

Cuando la liberación se convirtió en un hecho, el gobierno no tuvo otra alternativa que aceptar la colaboración de la Cruz Roja , del gobierno de Brasil y del grupo “Colombianos y Colombianas por la Paz ”, para que el operativo de rescate pudiera realizarse, pero sin ocultar su mala voluntad.

Así quedó demostrado con el seguimiento de la misión humanitaria con aeronaves militares, lo que puso en grave riesgo el rescate, las trabas para  el ejercicio del periodismo y los burdos ataques a los periodistas, particularmente a Holman Morris, y el impedimento de que los representantes de “Colombianos y Colombianas por la Paz ” pudieran participar en los dos últimos operativos, autorizando sólo la presencia de la Senadora Piedad Córdoba.

Después resolvió emprenderla contra lo que llamó el “boque intelectual de las FARC”, sin dar nombres, ni concretar cargos, como es su costumbre. En realidad, eso no es necesario, porque ya se sabe que ese “bloque” lo conforman todos los colombianos que disienten de su política guerrerista y trabajan por el acuerdo humanitario y la salida negociada al conflicto interno del país. Para el Presidente Uribe la paz es un fantasma repugnante, porque ha hecho de la guerra el pilar fundamental para perpetuarse en el poder.

La grosera actitud del Presidente de la República ha merecido el más amplio rechazo de la Federación Internacional de Derechos Humanos y de otras organizaciones nacionales e internacionales, de numerosas organizaciones políticas y sociales, de personalidades democráticas y de diversos sectores de opinión que han denunciado los riesgos de estos señalamientos para los acusados y que cada vez muestran mayor preocupación por la intolerancia y el desenfreno guerrerista de Uribe.

Unimos firmemente nuestra voz a la de todos ellos, expresamos nuestro más decidido respaldo al grupo “Colombianos y Colombianas por la Paz ” y lo instamos a continuar trabajando sin desmayo por lograr nuevas liberaciones, hacer realidad el acuerdo humanitario y abrir las puertas a una negociación que le ponga fin al conflicto y haga posible la paz con justicia social, que es el anhelo de la gran mayoría de los colombianos.

Bogotá, D.C., 12 de febrero de 2009